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ACTITUDES PARA UN ESCUCHAR EFECTIVO

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Autor: Lic. Oscar Anzorena

“Se necesita coraje para pararse y hablar,
pero mucho más para sentarse y escuchar”

Winston Churchill

Para analizar el fenómeno de la escucha partimos de la base de que escuchar presupone una activa tarea interpretativa; implica asignarle un significado a lo que se oye y a lo que se ve, es decir al lenguaje verbal y no verbal de nuestro interlocutor.Por esto planteamos que la escucha no tiene nada de pasivo, sino que por el contrario constituye un activo proceso de asignación de sentido. Es este proceso el que determina que distintas personas, que en el mismo lugar y circunstancia oyen lo mismo, puedan escuchar cosas diferentes.

A partir de esta reflexión es que situamos a la escucha en el dominio del accionar humano y planteamos que, como toda acción, la podemos realizar con mayor o menor eficacia y que la capacidad para realizarla no es la misma en todas las persona. En este sentido, la actitud con la que se escucha cobra relevancia y condiciona fuertemente la efectividad con la que se ejerce la competencia.

La primera actitud que habría que considerar es la de la predisposición para escuchar. Si no estamos predispuestos seguramente escucharemos de mala gana y con nuestra atención puesta en otro lado, y es muy probable que perdamos parte del contenido de la conversación o que mal interpretemos lo que nos están diciendo. Es más, es posible que esta falta de disposición se exprese a través de nuestro lenguaje no verbal, que nuestro interlocutor lo perciba e impacte en su emocionalidad y en el desarrollo de la conversación. Todos hemos tenido alguna vez esa sensación de desagrado que se nos produce cuando hablamos y percibimos que el otro no nos presta atención.

La falta de predisposición para la escucha se puede ocasionar por diversos motivos. Puede ser algo esporádico, motivado por algún hecho que nos preocupa o requiere toda nuestra atención. También puede suceder que nos encontremos en un estado emocional (enojo, angustia, euforia, ansiedad, etc.) que no nos sea propicio para concentrarnos en la escucha.

En este sentido, cuando planificamos mantener una conversación con alguien, tendríamos que tener en cuenta dos aspectos. Deberíamos considerar cuál es el momento más adecuado y oportuno como para que esa persona pueda enfocar toda su atención en la conversación. Para esto es factible chequear si para él es un buen momento, si tiene el ánimo y la disposición para realizar la conversación. Hay ocasiones en que por la mera observación podemos deducir que la emocionalidad de nuestro eventual interlocutor no es la más apropiada para entablar un diálogo. También deberíamos reflexionar si nosotros estamos dispuestos a escuchar al otro, ya que muchas veces que le solicitamos a alguien mantener una conversación, sólo pensamos en lo que tenemos que decirle, pero no vamos con el ánimo de escuchar lo que el otro nos pueda querer comentar.

Otro aspecto central de la actitud requerida para una escucha efectiva, está relacionado con adoptar una disposición de aceptación y apertura hacia nuestro interlocutor. Aceptación a formas de ser, de pensar y de opinar diferentes a la nuestra y no por eso menos valiosas. Entender que si sólo estamos abiertos a escuchar a personas que piensen similar a nosotros, en realidad sólo estamos dispuestos a escucharnos a nosotros mismos. Y por lo tanto, obturamos toda posibilidad de cambio, aprendizaje y crecimiento personal. El escuchar efectivo requiere apertura y receptividad. Implica abrirse a la perspectiva del otro y arriesgarse a aceptar su influencia.

Escuchar con profundidad y respeto a quienes difieren con nuestros puntos de vista, no implica coincidir con ellos sino reconocer su legitimidad como personas. La actitud de aceptación a la diferencia y a la diversidad es una de las condiciones fundamentales de la interacción comunicacional.

La capacidad de prestar atención es inversamente proporcional a la necesidad de tener razón. Si nos consideramos poseedores absolutos de la verdad e interactuamos con el objetivo de convencer a nuestro interlocutor o para desacreditar su punto de vista, es muy probable que por más que poseamos todo tipo de técnicas y conocimientos con respecto a la comunicación y a la escucha, la misma no se produzca.

Así como para interactuar en forma efectiva debemos tener una actitud de apertura hacia el otro, también debemos poseer confianza y seguridad en nosotros mismos. Sólo desde la autovaloración y la autoestima podemos brindarnos al proceso de la conversación.

En este sentido es importante realizar una distinción entre convicciones profundas y prejuicios arraigados. Las personas con convicciones profundas no tienen inconvenientes de abrirse a la escucha de otras opiniones, intercambiar puntos de vista, fundamentar sus interpretaciones y escuchar la de los otros. Por el contrario, las personas que se encierran en sus propios prejuicios obstruyen la escucha. Muchas veces la descalificación a la posición del otro esconde una profunda inseguridad en uno mismo y actúa como resguardo al miedo a que el otro pueda convencernos o hacernos  cambiar de opinión.

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