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EL CAMINO CON CORAZÓN

Autor: Lic. Oscar Anzorena

  “La única tarea importante consiste en
reinstaurar la conciencia de la responsabilidad
del hombre con su propio destino”

Andrei Tarkovski

El camino del Poder Personal, el tránsito hacia nuestro desarrollo y maestría,  se debe andar asumiendo la imposibilidad de poseer planos o mapas que nos indiquen el rumbo a recorrer. Más aún, muchas veces debemos desechar las que aparecen como las sendas más seguras, las más transitadas, las “socialmente correctas”, las que auguran una vida llena de éxitos y sin sobresaltos. El costo a pagar por erigirnos en protagonistas en la creación de nuestra propia vida, es asumir el riesgo de tomar nuestras decisiones, construir nuestro propio camino aun desoyendo lo que aconsejaría la “cartografía oficial”, siendo conscientes que los desvíos, los tropiezos y las frustraciones son parte insoslayable de ese proceso de aprendizaje y transformación.

Jorge Luís Borges sostenía que “Hay derrotas que tienen más dignidad que la misma victoria”. En este mismo sentido podríamos afirmar que hay traspiés o frustraciones eventuales que nos aportan más sabiduría que todos los supuestos éxitos sociales que pudiéramos lograr. No obstante, muchas veces a lo largo de nuestra vida optamos por lo que aparentemente son los caminos más seguros o más cómodos. Es así que decidimos seguir una carrera porque pensamos que nos va a proporcionar mayor bienestar económico aunque el precio sea resignar nuestra vocación, o decidimos quedarnos en un empleo por seguridad aunque pensemos que desde ahí no podremos avanzar en nuestro desarrollo profesional, o resolvemos asociarnos con alguien para hacer un negocio aunque tengamos profundas diferencias éticas.

También sucede que le queremos enseñar a otros cuál es el “camino correcto” y nos ponemos a dar consejos o presionamos a nuestros hijos para que hagan una cosa o dejen de hacer la otra. Si pensáramos que lo importante en la vida es la obtención y acumulación de objetos materiales y símbolos de poder, los consejos no estarían mal, ya que pueden existir caminos más rápidos o atajos que nos conduzcan a ese tipo de objetivos. Ahora bien, si pensamos que lo importante es vivir nuestra vida con intensidad y plenitud, y que los caminos que vayamos eligiendo nos tienen que servir para desplegar nuestra potencialidad, para ser mejores personas y participar en el milagro y el misterio de la invención de nosotros mismos, tendríamos que llegar a la conclusión de que únicamente cada uno de nosotros puede saber cuáles caminos son los más apropiados en los distintos momentos de nuestra vida.

En este sentido, la única opción con la que contamos es la de seguir la guía de nuestra voz interior. Carl Jung, quien fuera el discípulo predilecto de Sigmund Freud y luego siguiera su propio camino, decía: “Sólo se volverá clara tu visión cuando puedas mirar en tu propio corazón. Porque quien mira hacia fuera sueña y quien mira hacia adentro despierta”. No hay forma de saber cuál es el camino adecuado para cada uno, si no es escuchando nuestra voz interior que nos puede indicar por dónde ir y cuándo emprender la marcha, con la convicción de que cada camino es único y cada destino es personal.

En la medida que vamos avanzando, estas situaciones se multiplican y pasamos por pruebas donde debemos aceptar el desafío de la toma de decisiones en la incertidumbre, con la única claridad de que la opción que elijamos incidirá en nuestra vida y en la de los seres que nos rodean. Una de las responsabilidades de quienes ejercen el liderazgo es asumir estas decisiones con integridad y en base a sus propios valores y convicciones. Es por esto que Warren Bennis afirma que: “Escuchar la voz interna, confiar en la voz interna, es una de las lecciones más importantes del liderazgo”. 

Don Juan, el chamán a quien el antropólogo Carlos Castaneda[1] eligió como su maestro, sostenía que: “Cualquier cosa es un camino entre cantidades de caminos. Por eso debes tener siempre presente que un camino es sólo un camino; si sientes que no deberías seguirlo, no debes seguir en él bajo ninguna condición. (…) Pero tu decisión de seguir en el camino o de dejarlo debe estar libre de miedo y de ambición. Te prevengo. Mira cada camino de cerca y con intención. Pruébalo tantas veces como consideres necesario. Luego hazte a ti mismo, y a ti solo, una pregunta. Te diré cuál es: ¿Tiene corazón este camino? (…) Si tiene, el camino es bueno; si no, de nada sirve. Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas, eres uno con él. El otro te hará maldecir tu vida. Uno te hace fuerte; el otro te debilita.”

En distintos momentos de nuestra vida, elegir un camino puede implicar optar por una carrera, un trabajo, una pareja, un negocio o una manera de pensar. Para esos momentos nos parece apropiado tener presente estas enseñanzas de Don Juan. Nadie puede determinar si un camino es bueno o malo para el otro, porque lo relevante no es sólo el destino sino el proceso, lo que cada persona va a vivenciar y aprender en el recorrido de su camino. Es por esto que cada uno tiene que asumir la responsabilidad de la elección de su propio camino.

Muchas veces no hay otra posibilidad que experimentar, probar para poder comprobar si va por allí lo que uno quiere y elige vivir. Si sentimos que ese camino tiene corazón para nosotros, que va a ser bueno seguirlo más allá de los riesgos o las eventuales incomodidades que el mismo implique, debemos emprender el viaje, porque si lo hacemos y decidimos ser coherentes con el mandato de nuestra voz interior, tenemos garantizado que va a ser por ese camino por donde logremos los aprendizajes y experiencias que necesitamos para nuestra vida. Es por ese camino con corazón por donde lograremos marcar una diferencia en nuestra existencia y dejar una huella en las personas que nos rodean.

En otras oportunidades tendremos la certeza de que ése no es nuestro camino o, si en algún momento lo fue ya no lo es más. Y que esa persona que en algún tiempo fue nuestro amigo o pareja ya no nos significa nada, o bien que ese puesto gerencial tan codiciado que nos ofrecen implicaría dejar otra actividad que es lo que realmente nos interesa, o que emprender un nuevo negocio supondría estar alejado de nuestros hijos por tiempos prolongados y eso es algo que no deseamos. En estos casos, cuando nuestra voz interior nos dice que debemos dejar o no comenzar un camino, ya que en ese momento de nuestra vida ese no es nuestro camino, si no lo dejamos por miedo o ambición, seguramente algo dentro nuestro comenzará a marchitarse y perderemos energía y entusiasmo.

El costo de seguir un camino sin corazón es el de la frustración, la amargura y la infelicidad esencial. Es como un árbol en el que ya no corre la savia. Se pierde la alegría, el entusiasmo, la plenitud de ser uno mismo. Lo vemos en las parejas que no se soportan pero no se separan por comodidad o por miedo, o en quienes se la pasan renegando de sus trabajos pero no renuncian por temor a lo desconocido, o en aquellos que dicen con nostalgia que les hubiera gustado estudiar determina profesión y cuando le preguntamos porqué no empiezan ahora, se justifican de mil maneras pero permanecen en la inacción y en la frustración.

El camino con corazón es el camino del desarrollo de nuestro Poder Personal. Es una forma de pararse en la vida, un compromiso con la autenticidad con nosotros mismo. Es hacer aquello que nos agrada, que nos hace sentir plenos y en lo cual creemos en lo más intimo de nuestro ser.

No existe una forma de ser o de actuar que sea la indicada, sólo escuchando atentamente nuestra voz interior sabremos cuál es nuestro camino, ya que ese será el que nos posibilite ser más plenamente lo que queremos ser. Como decía el Principito: “Es con el corazón como vemos correctamente; lo esencial es invisible a los ojos”.

Cuando seguimos con convicción nuestro propio camino, cuando hacemos aquello en lo que creemos profundamente, que nos conmueve y nos brinda profunda satisfacción, estamos centrados en nosotros mismos y no necesitamos la aprobación de los demás. No nos hacemos cargo de las expectativas de los otros ni estamos pendientes de la mirada ajena, de su visto bueno, de su confirmación. De esta manera se fortalece nuestra autoestima, la confianza y seguridad en nosotros mismos. Crece nuestro Poder Personal y nuestra maestría de vida.


[1] Castaneda Carlos, “Las Enseñanzas de Don Juan”, Fondo de Cultura Económica, México, 1974

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  1. Maria Perdomo dice:

    Llegué a esta página por casualidad. Quiero felicitarlos por el artículo. Soy psicóloga colombiana y creo que este texto está muy bien escrito, haciendo recopilaciones pertinentes, pero sobre todo mandando el mensaje correcto. Pienso que muchos de nosotros vivimos atrapados en expectativas de otros, y perdemos la oportunidad de descubrirnos ampliamente, por miedo. Enhorabuena por el trabajo que realizan.

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