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IMAGEN PÚBLICA E IDENTIDAD PRIVADA

Autor: Lic. Oscar Anzorena

Un aspecto a tener en cuenta cuando formulamos un juicio sobre alguna persona, es que nuestras opiniones impactan fuertemente en su imagen pública. Cuando hablamos de imagen pública nos estamos refiriendo al conjunto de características y atributos (positivos o negativos) que se le adjudican a todo individuo y a cualquier sujeto social (empresa, institución, organización). Todos tenemos una imagen pública constituida por los juicios que los demás hacen sobre nosotros.

Cuando decimos que una empresa “tiene productos de mala calidad” o que “brinda un servicio de excelencia”, o cuando formulamos el juicio de que “Pedro es buen profesional”, “Raúl no cumple con sus compromisos” o “María no comparte toda la información”, le estamos atribuyendo determinadas particularidades que, en la medida que son compartidas por otras personas, se constituyen en su imagen pública.

Y esto no es algo menor, ya que si tenemos en cuenta que tomamos nuestras decisiones en base a nuestros juicios y opiniones, es probable que si creemos que una empresa tiene productos de mala calidad decidamos comprarle a la competencia, y si opinamos que Raúl no cumple con sus compromisos, difícilmente decidamos coordinar algún trabajo con él y tal vez optemos por convocar a Pedro a quien consideramos un buen profesional. Es decir, los juicios que los demás poseen sobre nosotros condicionan nuestra capacidad de acción y la efectividad de nuestro desempeño.

Es por esto que decimos que la imagen pública es un “capital inmaterial” que condiciona nuestro horizonte de posibilidades. Cuando efectuamos juicios sobre otros o cuando otros realizan juicios sobre nosotros, lo que nos es posible se modifica, mejora o empeora, llegando incluso al extremo de lo que George Gebner denomina “aniquilamiento simbólico”. Esto puede suceder cuando alguien que tiene una baja autoestima, recibe juicios negativos de su entorno que lo llevan a desbastar su autopercepción y a paralizar su capacidad de acción.

Acá surge otro elemento que es el vínculo que existe entre la imagen pública y la identidad privada. Podríamos definir a la identidad privada como el conjunto de juicios que toda persona posee acerca de sus propias características, valores y atributos con los que se autoidentifica y se autodiferencia.

La situación ideal es cuando nuestra identidad privada nos resulta satisfactoria y, a su vez, podemos comprobar que es coincidente con la percepción que los demás tienen de nosotros. La pregunta que podríamos formularnos es ¿Qué hacer cuando nuestra identidad privada no coincide con nuestra imagen pública? Al respecto pueden darse diversas circunstancias que analizaremos a continuación.                              Vínculos entre Imagen Pública e identidad Privada

 

La primera alternativa se produce cuando alguien tiene un elevado juicio acerca de su desempeño y, sin embargo, las personas con las que habitualmente interactúa opinan que posee notables áreas de incompetencia. Es decir, su identidad privada está sobrevalorada con respecto a su imagen pública.

Este tipo de circunstancia surge con cierta frecuencia en las sesiones de coaching que se realizan con la devolución de un Feedback de 360º. Esta herramienta, que se utiliza para el desarrollo gerencial, consiste en autoevaluarse en distintos aspectos del desempeño laboral (identidad privada) y luego comparar esta autoevaluación con la evaluación que en forma anónima y confidencial realizan sus superiores, colegas y subordinados (imagen pública). De esta manera la persona puede visualizar y contrastar las coincidencias y diferencias que existen entre la apreciación que él tiene de sí mismo, con la que realizan las otras personas de su entorno laboral.

En cierta oportunidad trabajé con un gerente de alto rango, al que llamaremos Aldo, que quedó muy impactado al notificarse de la percepción que tenían sobre él en su ámbito de trabajo. Mientras él se visualizaba como un auténtico líder con una gran apertura a las ideas, sugerencias y opiniones de los demás, los juicios de sus colaboradores y colegas coincidían en que Aldo tenía una actitud cerrada, que se aferraba a sus creencias y que manifestaba una pronunciada dificultad para escuchar otros puntos de vista.

El trabajo que realizamos con Aldo en las sesiones de coaching, fue el de revisar sus propios juicios y analizar si estaban bien fundamentados o si, por el contrario, podía validar los juicios de sus colaboradores y colegas. Obviamente partíamos de la base que ni una ni otra opinión eran verdaderas o falsas, ya que ambas describían la particular forma de observar de cada uno de los involucrados. Por lo tanto, Aldo podía disentir con los juicios de su imagen pública, lo que no podía hacer a partir de tener conciencia de la opinión de sus colaboradores y colegas, era desconocer los efectos nocivos que tenían estas opiniones en la efectividad de su gestión.

Cuando Aldo, después de un análisis retrospectivo, pudo percibir sus dificultades y áreas de mejora, se comprometió a realizar un proceso de aprendizaje para incorporar nuevas competencias que le posibilitaran realizar las acciones que transformen los juicios de sus compañeros de trabajo.

Al respecto, es importante señalar que nuestra imagen pública tiene un carácter dinámico y no permanece estática ni inmutable en el tiempo. Son nuestras acciones las que nos viabilizan cambiar y transformar los juicios, sobre cualquier aspecto de nuestra imagen pública que consideremos disfuncional para nuestro desempeño.

Otra alternativa en este vínculo entre identidad privada e imagen pública, es que haya coincidencia y que ambas den cuenta de una evaluación negativa. Imaginemos que alguien considera que posee una actitud de retraimiento y timidez que le dificulta establecer relaciones fluidas con gente que recién conoce y esto, a su vez, coincida con la opinión de otras personas que lo consideran poco sociable. En este caso, como en el anterior, es factible realizar un cambio personal que posibilite efectuar las acciones que modifiquen la imagen pública.

La última variable puede producirse cuando la imagen pública es más favorable  que la identidad privada. Aquí se pueden dar dos situaciones absolutamente contrapuestas. La primera es cuando una persona es consciente de su incompetencia en un área determinada, pero sin embargo logra hacer creer a su entorno de su idoneidad al respecto. En esta circunstancia la imagen es pura cosmética, ya que está basada en juicios infundados y sólo podrá aportarle un beneficio a corto plazo.

La segunda situación es cuando el individuo tiene una baja autoestima y una pobre ponderación sobre sí mismo y, por lo tanto, infravalora sus recursos personales y percibe sus cualidades y competencias por debajo de lo que las consideran las personas de su entorno.

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  1. Muy buen articulo, Licenciado Oscar!
    Estoy a punto de terminar de estudiar la preparatoria, estudio en Tijuana, Baja California, me recibiré de Técnico en procesos de gestión administrativa, y aunque en estos años me he vuelto casi a la fuerza (por que a mi la verdad me aburría la administración) un gran fanático de mi carrera. Pero ahora que termine de estudiar me gustaría dedicarme a la Publicidad, y uno ahora que he estado investigando sobre el plan de estudios de la carrera, me encontré con todo esto de las relaciones publicas, la imagen publica etc…
    Y Lic., me quedo como anillo al dedo su articulo sobre la imagen publica y la identidad privada.
    Hoy encontré una razón mas para tener en cuenta, aparte de la administración a la publicidad como opción de carrera profesional. Gracias Lic.

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