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Sanar nuestras emociones

 

Autor: Lic. Oscar Anzorena

“No olvidemos que las emociones
son los grandes capitanes de nuestra vida
y que las obedecemos sin darnos cuenta de ello”
Vincent Van Gogh

Las emociones poseen omnipresencia en nuestro existir. Representan la experiencia más personal, íntima e intransferible que poseemos. La forma de sentir y expresar nuestras emociones marca nuestros comportamientos, condiciona nuestro desempeño laboral, determina nuestra calidad de vida y nos constituye en el ser que somos.

Las emociones se expresan y manifiestan como la energía y la disposición corporal para la acción. Cada emoción nos predispone e impulsa para un tipo de acción diferente. Cada una de estas emociones nos determina qué cosas podemos hacer en ese estado emocional y cuáles no podemos realizar. Son muy diferentes las actitudes y comportamientos que realizamos cuando estamos en una emocionalidad de miedo o de confianza, de enojo o de alegría, de paz o de resentimiento.
También podemos reflexionar sobre el hecho de que, en diversas oportunidades a lo largo de nuestra vida, pasamos por situaciones difíciles o traumáticas que nos generan una emocionalidad de tal intensidad que dejan una profunda marca en nuestra psiquis.

En muchas de estas circunstancias no sabemos cómo afrontar esas situaciones ni cómo hacernos cargo de nuestras emociones, ya que conectarnos con ellas en ese momento nos producen un dolor, un miedo o una vergüenza que se nos torna insoportable. Para estos momentos tan complejos y traumáticos de nuestra vida, la psiquis humana ha desarrollado un “mecanismo de autoprotección” que genera un encapsulamiento de esas emociones y las remite al inconsciente… a la espera de que estemos en condiciones de lidiar con ellas.

Este mecanismo, sumamente útil para sobrellevar estas circunstancias complejas o dolorosas, tiene una contrapartida que puede resultar perjudicial para nuestra salud física, psíquica y emocional. Y esto es así, porque generalmente pensamos que superados estos momentos, nuestras emociones quedan en el pasado y dejan de tener vigencia.

De hecho esto no es lo que sucede, ya que estas emociones “encapsuladas” perviven dentro nuestro y mantienen la misma vigencia e intensidad que en el momento en que se generaron. Nuestra biografía va generando nuestra biología. Nuestra historia habita en nuestro cuerpo y es constitutiva del ser en el que devenimos. Aunque pensemos que el pasado ya no existe, estamos profundamente marcados por él y somos su resultado. De esta manera, nuestra memoria emocional incide en forma inconsciente en nuestra estructura de personalidad y con el tiempo puede manifestarse como disfuncionalidades psicológicas o enfermedades físicas.

Después… ¿qué importa el después?
Toda mi vida es el ayer
que me detiene en el pasado,
eterna y vieja juventud
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz.
Naranjo en flor
Homero Expósito

Nuestro camino de crecimiento personal

Como seres humanos, nuestra grandeza radica
no tanto en nuestra capacidad de rehacer el mundo,
sino de rehacernos a nosotros mismos
Mahatma Gandhi

Nuestro trabajo de desarrollo personal está relacionado con ir sanando esta “memoria emocional”, de manera tal que nos permita liberar nuestra energía y nuestro potencial. Muchas veces pensamos que los hechos dolorosos o traumáticos de nuestra historia personal ya no tienen importancia. Decimos frases como: “eso ya pasó” o “yo ya lo olvide´”, y sin embargo, cuando conectamos nuestro pensamiento con esos acontecimientos, podemos percibir con claridad que los mismos siguen teniendo vigencia dentro nuestro y nos remiten a la misma sensación emocional que cuando los vivimos.

Los estados emocionales disfuncionales de resentimiento, bronca, odio, culpa, tristeza o angustia, están relacionados con situaciones del pasado que no hemos elaborado y que tratamos de olvidar o ignorar, que intentamos “dejar atrás”, pero lo cierto es que siguen teniendo vigencia dentro nuestro y lo seguirán teniendo hasta que elaboremos y superemos esas situaciones.

Estas emociones “encapsuladas” no sólo emergen a través del recuerdo, sino que tienen presencia en nuestros comportamientos del presente. Es así como esa escena de la infancia que nos produjo tanto dolor, también nos llevó a generar el mecanismo automático por el cual sentimos miedo ante cualquier situación novedosa o nos paralizamos ante lo desconocido. O esa situación con esa pareja a la que consideramos que nos traicionó y que nos generó tanto bronca y odio, también nos condujo a establecer una armadura emocional con el fin de preservarnos de nuevas heridas. Y si bien puede ser que nos haya preservado, también nos convirtió en una persona desconfiada, con temor a abrirse y conectarse emocionalmente con otras personas. Es así como las emociones del pasado emergen como comportamientos del presente, que condicionan el futuro que estamos construyendo.

Nuestro camino de crecimiento personal implica ir vaciando nuestra “mochila emocional” y conectarnos con nuestra fuerza vital de manera de poder vivir más plenamente. Cada uno de nosotros gasta enormes cantidades de energía para mantener archivadas estas emociones “encapsuladas”. Esa energía se pierde de utilizar en la vida cotidiana.

Este proceso de compromiso con nuestro desarrollo personal, también supone disolver las corazas y armaduras que fuimos armando a lo largo de nuestra vida y que, si bien nos fueron funcionales durante algún período ya que nos permitieron sentirnos “protegidos” dentro de ellas, en algún momento comenzamos a sentir que nos pesan, nos asfixian y no nos permiten desplegar nuestro potencial.

Es este proceso de autoconocimiento y sanación emocional el que nos va a posibilitar accionar desde un lugar de mayor conciencia y de esta manera establecer vínculos sanos y funcionales, mejorar nuestra calidad de vida y desplegar nuestra capacidad de acción hacia el logro de nuestros objetivos.

No obstante, esta tarea de sanar nuestras emociones no siempre constituye una tarea sencilla y esto es por diversos motivos. En primer lugar porque esta “energía emocional” pervive en nuestro inconsciente y no es de fácil acceso. Nuestro aparato psíquico utiliza una importante cantidad de energía para mantener bajo la línea de flotación nuestros recuerdos dolorosos.

Por otra parte, de muchas de estas situaciones traumáticas no tenemos registro, ya sea porque ocurrieron a muy temprana edad (por ejemplo, en el período de la gestación o en el momento del nacimiento) o porque por algún mecanismo las borramos de nuestra memoria consciente. Muchas veces se manifiestan como imágenes oníricas o como síntomas psicofísicos a los que no le encontramos una explicación racional. Este carácter pre lingüístico de esta “energía emocional” hace que sea inaccesible a través de la palabra, ya que a nivel consciente no podemos pensar en nada que no podamos nombrar.

Procuremos ser padres de nuestro porvenir,
más que hijos de nuestro pasado.
Miguel de Unamuno

Comenzar un proceso de sanación de nuestra memoria emocional de una manera amorosa y sumamente efectiva, a partir de la técnica de la “Respiración consciente y conectada”.

A través de una metodología muy particular, que utiliza a la respiración como el elemento facilitador del proceso de transformación y alquimia interior, es posible acceder a la información almacenada en nuestro inconsciente. A través de esta técnica de respiración logramos “parar” nuestra mente consciente y acceder a un estado de “consciencia ampliada”. Esta Terapia de la Respiración nos provee de una llave maestra que nos permite acceder a los “archivos” de nuestra memoria emocional encapsulada.

En este estado de “consciencia ampliada”, y en la sensación de seguridad en nuestro universo interior, se desactiva el “mecanismo de autoprotección” del inconsciente y de esta manera va emergiendo el material que se va a ir procesando. No se trata de analizar ni de interpretar ningún hecho, simplemente transmutar la energía emocional que produjeron esas situaciones dolorosas o traumáticas del pasado. También puede ser que emerjan imágenes ancestrales o que están relacionadas con la historia familiar que, aunque no conozcamos, habitan en nosotros y condicionan nuestra emoción y nuestro comportamiento actual.

Durante este proceso la mente consciente no está al mando, y por lo tanto, no se puede programar sobre qué hecho o circunstancia se va a trabajar en cada sesión de respiración, simplemente se comienza el proceso confiando en que el inconsciente va a dejar emerger aquello que en ese momento sea lo más oportuno y necesario procesar.

En este proceso se revelan y liberan patrones de comportamientos no deseados, también antiguas creencias y programaciones que son muy poderosas en la creación de la ‘realidad’ que experimentamos, y que tienen una gran influencia en la manera de percibir la vida, el mundo y la relación con los demás, y por lo tanto condicionan nuestra particular forma de emocionar y de actuar.

El pasado no se puede cambiar porque ya pasó, pero sí se pueden modificar las marcas e impresiones que nos quedaron de él y que nos atraviesan y acompañan a lo largo de nuestro existir. Esto permitirá no sólo preservar nuestra salud psicofísica, sino crecer como personas, estar al mando de nuestro destino y liberar nuestro potencial para llegar a ser todo lo que podemos ser y que en esencia ya somos.

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  1. cristobal dice:

    Buenos dias, necesitaria comunicarme con el fin de hacerle una propuesta que puede llegar a interesarle. Si pudiera mandarme un tel o un mail particular se lo agradeceria asi logro comunicarme con usted. Saludos

  2. Aprender a hacer un uso positivo de nuestras emociones es algo que se va aprendiendo a lo largo de la vida. Usando la meditación, oración, deporte y contacto con la naturaleza ayuda mucho al equilibrio de las energías y así tenemos un mayor autocontrol. La persona que aprende a dominar sus emociones, tiene las llaves de la libertad.

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